La leyenda de Nancy Ross (y 5)

(Cuando vuelve a abrirse el telón, Juan José tiene el torso desnudo, se levanta de la cama y comienza a vestirse. Nancy Ross está canturreando una ranchera)
“Yo no he perdido la esperanza de que un día he de tenerte y ese día llegará…”
Ha sido maravilloso, me siento veinte años más joven. Podría levantarme de la cama y ponerme a bailar una jota, como antes. (Saca un espejo de mano de la mesilla). Tendré que retocarme el maquillaje, se me ha corrido todo. Juan José, eres un amante muy impetuoso. Aunque eso ya lo intuía. Ahora será mejor que me concentre en el programa, tengo que regresar a mi aspecto anterior, tengo que vender la miseria, no estaría bien que engañara a los teleespectadores, ellos están esperando ver a una mujer humillada, perdida, enfangada. Esa clase de mujeres que nunca se recuperan de su mala estrella. Tengo que ser consecuente con mi papel, no debo dejarme llevar por la euforia, de ninguna manera arruinaré mi personaje. Claro que lo he hecho tantas veces, quiero decir, he atentado tantas veces contra mis principios. ¿Pero qué estoy diciendo? Principios, principios…memeces. Yo no tengo principios, sólo finales, ya lo he dicho. Me volveré loca, sí, hoy puedo volverme loca… gritaré como si estuviera poseída por Lucifer, lloraré hasta que se me despeguen las pestañas postizas…recurriré a ese vocabulario soez que es tan del agrado del público, me retorceré entre las sábanas. Espectáculo, ellos quieren espectáculo y yo se lo voy a dar. El mejor espectáculo de su vida, el ridículo más espantoso de la mía. Juan José, hoy vas a ser testigo de un hito, esta noche… esta noche… Bueno esta noche ya veremos. Se me ha ido el santo al cielo. ¿Cuánto falta para conectar en directo?
(Juan José no contesta)
Juan José cariño, ¿me escuchas? Te he llamado cariño. Y en verdad te tengo cariño, mucho más ahora que nos hemos acostado juntos. En el fondo soy una romántica. Podías haberme dicho que eras virgen, hubiera sido menos ardiente. No me arrepiento, estoy orgullosa de haberte poseído, de haberme llevado tu virginidad. Alguien tenía que hacerlo Juan José. Piensa que ha sido un honor que la mismísima Nancy Ross te enseñara los caminos del placer. Ese placer milenario Juan José, el placer más perverso, más sucio, más sublime. Muchos hombres darían su brazo izquierdo por haber estado en tu lugar. Medítalo, Juan José, piénsalo con detenimiento, ahora tienes una relación con Nancy Ross, ahora hay un nosotros. ¿No te parece genial? “Nosotros”, suena bien el plural… Una se cansa de vivir siempre en singular. El yo es peligroso, es mejor el nosotros Juan José. Tú y yo. El cámara y la estrella. Venderemos la exclusiva, escribiremos un libro sobre mis memorias en el que tú podrás exponer fogonazos de las tuyas. Eres tan joven aún Juan José, necesitas una mano que guíe tus pasos. Y yo estoy dispuesta a sacrificarme a quitarme el collarín y a enderezar mis vértebras. No estoy tan enferma Juan José, en realidad estoy más sana que una manzana. Dije en serio que podría levantarme de la cama y bailar una jota. Mis piernas están bien, mis huesos no se cristalizan, hincho mis piernas a propósito, pero en cuanto las pongo en alto se me rebajan. Juan José podemos hacer tantas cosas juntos… uy el piloto está encendido. ¿Por qué está el pilotito rojo encendido? ¿Desde cuando lleva el piloto rojo encendido? Contéstame Juan José. Escríbeme algo en tu pizarra. (Juan José se queda parado). Vaya, no eres tonto, Juan José, lo has hecho a propósito, me has desenmascarado, has utilizado la confianza que he depositado en ti. Qué noche. De veras que es mi gran noche. Toda España me está viendo como lo que soy, una miserable. Pues ¿sabes lo que te digo Juan José? Que me importa una mierda, que estaba harta de tanto paripé. Que prefiero quedarme con mi pensión aunque no llegue a fin de mes. Que os den morcilla a todos, queridos espectadores de mierda, cabezas de chorlito, hijos de la gran puta, cabrones, estoy hasta el coño de vosotros, que os den por el culo, mamones… (empieza a sentirse mal) (de pronto se escuchan aplausos desde el plató que se vislumbra en las televisiones) ¡ahhh que mala me estoy poniendo! Juan José, apaga la cámara, me da vueltas todo…necesito sentarme…creo que es un ataque al corazón, mi pecho, el dolor me está taladrando el pecho, me estoy muriendo… (más aplausos) ¡Qué me muero de verdad, joder! (grita ) (más aplausos) (se tumba en la cama ) Ayúdame Juan José, llama al médico, haz algo …
(Juan José sigue grabando)
¡Que hijo de puta…! (se muere)
VOZ EN OFF: (desde el plató que se ve en las televisiones) Parece ser que Nancy Ross ha sufrido un ataque al corazón. Sí nuestro compañero acaba de confirmarlo. Nancy Ross acaba de morir en directo, para todos nosotros. En exclusiva para “Hoy puede ser tu peor día”. Y lo ha sido, señoras y señores. Nancy Ross ya es una leyenda. Démosle un fuerte aplauso…
(Aplausos)
La próxima semana tendremos con nosotros a Dorothy Sánchez. Una de las chicas que trabajó con Nancy Ross en el club “El palacio del Moro”. Dorothy nos revelará algunos de los secretos mejor guardados de Nancy Ross. Sobre ella hablaremos la semana que viene. Además también tendremos en nuestro estudio al famoso peluquero francés Jacques Maison que nos contará cómo cardar el pelo de los caniches gigantes. Eso y más la próxima semana en vuestro programa favorito “Hoy puede ser tu peor día”. Hasta la semana que viene. (Se desconectan los televisores)
(Juan José apaga la cámara y recoge los cables. Se va oscureciendo la escena dejando iluminada por unos instantes a Nancy Ross muerta en su cama)
(Oscuro y música final)







