Cóctel de palabras
Federico era un hombre poco hablador. Cada día se sentaba a la mesa, leía el periódico y saboreaba una taza de té bien caliente, color de oliva. En un frasco redondo solía almacenar las palabras que ahorraba en su mutismo diario. A medianoche lo destapaba y se tragaba disuelto en el té todo aquello que no había sido capaz de decir, hasta llenar su cuerpo flaco de discursos vacíos y reflexiones estúpidas. Una mañana lo encontraron muerto de un empacho gramatical. La autopsia reveló que se le había atravesado una J mientras se defendía de una G.

Mañana comienzan fiestas laurentinas. Por eso coloco aquí un hasta luego. Pero no sin antes ilustrar un poco sobre la polémica del cartel de las fiestas. Entre las versiones alternativas destaco ésta:


Todo origen es peludo, ya lo dijo el primate aquel: “Como me atices, te depilo”.
Que ustedes lo disfruten en su justo punto de sal, marinera, a ser posible.
Aurevoir mes amis!