Teatro por entregas: “La leyenda de Nancy Ross” (1)

LA LEYENDA DE NANCY ROSS
Nancy Ross es una estrella televisiva. Para ser más exactos es una estrella de los debates en programas de tercera, asidua a exponer sus vivencias en público a cambio de un módico precio. Con el tiempo y el aumento de su popularidad, Nancy Ross se ha convertido en personaje imprescindible. Su aspecto despampanante, su afición desmesurada a los hombres, su desvergüenza, su voz grave, su teatralidad y su melodrama han hecho a esta mujer un fenómeno de las audiencias. Nancy Ross es una ex prostituta, madame de un burdel valenciano venido a menos, espía de la policía, chivata política…Su fascinante vida de miseria la han transformado en una de las mujeres más ricas del país. Sin embargo los estragos de su dura vida le pasan factura ahora que lo tiene todo y una enfermedad de gota, le impide visitar los platós televisivos, por lo que han instalado una unidad móvil en su domicilio de manera que puedan establecer contacto directo con ella, que se encuentra en cama desde hace un par de meses. Al domicilio de Nancy Ross envían a Juan José Ordaz, un cámara mudo que se convierte en confidente y último amante de la estrella.
LA LEYENDA DE NANCY ROSS
(Suena una melodía suave, el telón se abre poco a poco, la luz es tenue, de un color rojizo como si fuéramos a presenciar un espectáculo de cabaret. Aparece la habitación de Nancy Ross. En el centro, una cama de proporciones gigantescas, con un edredón fucsia y un cabecero barroco de color dorado, alfombras a ambos lados de piel de cebra y todo un panel repleto de televisiones que repiten su imagen una y otra vez. En uno de los extremos de la habitación se aprecia una cámara de televisión, cables y otros objetos de rodaje, y se intuye la figura de un operador de cámara. Comienza a escucharse de fondo un canturreo que pretende ser una ranchera… “Yo no he perdido la esperanza de tenerte entre mis brazos…”. Poco a poco la voz se hace más presente y aparece por uno de los laterales la protagonista, envuelta en una bata roja transparente, que avanza hacia en centro de la escena renqueando, apoyada en su bastón que lleva colgando la bandera de Aragón)
NANCY ROSS: Hoy me encuentro un poco mejor Juan José. Se me ha bajado la hinchazón de la cara, así que puedes cogerme primeros planos. (Se sienta en el borde de la cama y coge de la mesilla una estampa de la virgen del Pilar y la besuquea) ¡Gracias a ti, virgencica, que me cuidas como el primer día, que nunca me has dejado de tu mano, que velas mi sueño de día y de noche! Bueno más de día que de noche, que sabes que por las noches no puedo dormir y me quedo viendo la tele. ¡Qué sería de mí sin la tele! O mejor ¡Qué sería de la tele sin mí! ¿Crees que me he vuelto vanidosa Juan José? No, no me contestes, no llevo puestas las gafas y no podría leer la pizarrita esa que me pones. Se me hace raro hablar con una persona que no puede contestarme. En toda mi trayectoria artística nunca me había topado con un mudo. La gente con la que yo me relacionaba era muy charlatana. Demasiado habladora para mi gusto. Por eso de alguna manera estoy contenta de tenerte aquí, tan calladito, tan profesional…tan…tan…silencioso.
(Aparece Juan José manipulando la cámara. Comienza a enchufar cables y a mirar por el objetivo)
¿Te gusta la bata? Es una de mis favoritas. No me la puedo abrochar, pero no importa, como voy a estar metida en la cama. Me la regaló un admirador; esto, y un reloj de oro macizo. El reloj lo empeñé, claro, pero a la bata le saqué mucho partido. Si me hubieras conocido entonces…te habrías quedado mudo de la impresión…o a lo mejor hubieras recuperado el habla… No me hagas caso, a veces soy muy burra… pero no me avergüenzo. Yo siempre he sido muy sincera en mis comentarios. Por eso me quiere la gente porque soy una más, no me diferencio, no voy de fina ni me las doy de lista. Aunque podría hacerlo que además de puta, Juan José, he sido enfermera y hasta tuve un novio guardia civil. Un poco soso eso, sí. Las fuerzas del orden en general son rancias. ¡Y pensar que estuve a punto de casarme! En fin, afortunadamente no lo hice y me dediqué al puterío que era lo mío, mi verdadera vocación. ¿Tú cómo supiste cuál era tu verdadera vocación?
(Juan José escribe en la pizarra)
Chico no veo nada… No importa, el caso es que la tienes, tienes tanta vocación como yo. No hay más que verte, tan cumplidor, tan profesional…tan simpático. El mes pasado me mandaron a un chico antipatiquísimo. Estaba más callado que tú. Y no por obligación como es tu caso, no, él estaba callado de pura antipatía, se notaba a la legua que yo le caía fatal. Pero era mutuo, Juan José, que yo no despegué los labios, dije lo justo, me leí el guión y lo recité al pie de la letra. Me inventé algunas cosas naturalmente para darle un toque más personal, pero ahí se acabó todo, se fue como vino sin decir ni mú. ¡Qué barbaridad!
(Juan José le indica que se meta en la cama)
¿Qué me meta? ¿Ya? Estoy bien aquí dentro, fuera hace demasiado frío, y como tengo que ir medio desnuda por eso de los índices de audiencia, termino congelada Juan José, más helada que los pies de san pedro. (Se ríe) imagínate cómo deben estar los pies de san pedro…Por cierto ¿qué vamos a grabar primero, lo de Laura Montes o el programa de Nacha Fresca? A mí lo mismo me da uno que otro.
(Juan José vuelve a escribir en la pizarra. Nancy Ross busca las gafas en la mesilla