Friday, October 5, 2007

Crítica: “Benedicto XIII. El hombre que fue piedra”

Crítica de Raimundo Lozano publicada en el blog de la Asociación Aragonesa de Escritores (05/10/2007)

 


Publicado por Cobas en 5th Octubre 2007

Benedicto XIII. El Papa Luna Angélica Morales

Benedicto XIII, el Papa Luna. El hombre que fue piedra
Angélica Morales.
Delsan, Zaragoza, 2006. 285 p.

Raimundo Lozano

Aquel personaje singular de nombre Pedro de Luna, nacido a mediados del XIV en Illueca, y fallecido en Peñíscola en 1420, ha dado mucho que hablar, y mucho para escribir. Sobresalió pronto como canonista y Gregorio XI lo nombró cardenal. A la muerte de tal Papa, intervino en la elección de Urbano VI, con el nombre de Clemente VII, y a su muerte fue nombrado su sucesor. Pero, debido a su obstinación en aquel Cisma de la iglesia llegó a ser abandonado, y sustituído. Algo que no aceptó, con la obsesión de seguir siendo como Papa.

Esta complicada vida de este hombre sumamente inteligente, sí, pero tozudo, ha dado mucho que hablar y escribir, como digo más arriba. Ahí está esta nueva obra literaria: Benedicto XIII, con ilustraciones de José Manuel Ubé.
Esta es una historia de honor, un intento desesperado por mantener izada la bandera de la honestidad hasta sus últimas consecuencias, se lee en la contraportada. Y a fe que se trata de una larga y minuciosa historia de un hombre que ha dado pie para llenar de libros la historia. Y no podía faltar, claro, una novela como ésta, bien pensada, bien escrita por Angélica Morales, esta joven turolense, hoy afincada en Huesca. Licenciada en Historia, que sin duda tiene verdadera pasión por la narrativa, novelada en este caso.
“La razón es puta”, dejó escrito Lutero. Tal vez es lo que pensaría este ilustre aragónés, recluido ya en el castillo que hoy lleva su nombre, en Peñíscola.Que acaso lo consideró como el Vaticano.
Cuando la presentación de este libro, o novela, ya la autora explicó la gran sorpresa que llevó al leer la verdadera historia de este hombre aragonés, tozudo, sí, pero inteligente, y valiente ante la injusticia. Por lo que sintió necesidad de escribir esta novela, bien cuidada, bien editada por la Editorial Delsan.
La situación de esta escritora, creo yo, teniendo en cuenta que se halla en lo que podríamos llamar su primera etapa, dá mucho para pensar. Ha explorado perfectamente en el personaje, más aún, en su zona espiritual, con una exactitud casi mágica, introduciéndose con cariño en su fantasía, explorando incluso en su interior, esa zona donde la vida es pura y simple, que es donde se desarrolla el ser humano, donde la fatalidad se confunde o se mezcla entre valores positivos o negativos.
Dada su juventud, la de Angélica, que confiesa que es la primera novela que escribe, fácil es comprender que en este difícil camino de las letras llegará lejos. Teniendo en cuenta, además, que es licenciada en Historia, autora tetral y actriz, pasiones que practica, y que han hecho su forma especial de vida. Y que nosotros, los lectores, esperamos ver y leer nuevas obras que sin duda ya guarda en el cajón de su memoria.

 

Publicado en Reseñas de libros, Actualidad

 

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Monday, September 24, 2007

Fabricación Británica, de Antonio Castellote

Publicado en el blog de la Asociación Aragonesa de Escritores.

por Amadeo en 24th Septiembre 2007

Fabricación británica. Folletín romántico del Maestrazgo, de Antonio Castellote.
Libros Certeza, Colección Redallo, Zaragoza, 2007. 219 págs.

De ingleses e intrigas

Angélica Morales

 

Fabricación británica

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El folletín tiene el deber de engatusar, de apresarte con mano de granuja y zambullirte de lleno en la historia hasta que no tienes más remedio que convertirte en uno de sus personajes. En ese sentido “Fabricación británica” cumple con todos los requisitos de un folletín de categoría. Y así, desde la primera página, conquista con su puesta en escena, con unos personajes que parecen tener vida propia: tías flemáticas, una prometida de efervescente cinismo, un periodista esnob interesado y arrolladoramente ruin, hermosas gitanas y muchachos despiertos con planta de Hermes y alma de samaritano… Nuestro protagonista, Charles Lamb, es contratado como dibujante por el periódico londinense The Morning Post para acompañar al primer corresponsal de guerra, Lewis Gruneisen, cuya misión es mantener informados a los lectores acerca de la expedición real que el pretendiente carlista don Carlos María Isidro había iniciado allá por 1837. De este modo, siempre al lado del bando insurrecto y teniendo como marco el inquietante y maravilloso Maestrazgo, Charles descubrirá un mundo nuevo, la otra cara de la vida, la muerte y la miseria, el miedo y el amor, el dolor y la esperanza, ingredientes básicos en este potaje exquisito que llamamos folletín.
Antonio Castellote se presenta en esta su primera obra, que previamente se publicó por entregas en el Diario de Teruel, como un verdadero maestro: la sutileza de su lenguaje, la rapidez y viveza de sus diálogos, su basta erudición y una pizca de ironía turolense, hacen de “Fabricación británica” un libro de empaque. Tampoco hay que olvidar que sus páginas están salpicadas de estampas deliciosas, unas ilustraciones realizadas por Juan Carlos Navarro que nos acercan a los personajes, idealizándolos con ese ojo mágico que ve más allá de la torpeza cotidiana.
No puedo sino recomendar su lectura, que invita a desabrochar las emociones y convierte al más insulso en un aventurero temerario. Y lo más importante: sin mover el trasero del sillón, dando pequeños sorbos a una bebida alta en calorías y repleta de burbujas traviesas que engordan los rostros con sonrisas gatunas.

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Thursday, June 14, 2007

Crítica a Piel de lagarta, por Antonio Castellote

LAGARTA

Angélica Morales publica un libro de relatos, Piel de lagarta, y con él un espectáculo de fábulas circenses. Nada hay más barroco que un circo, ninguna imagen real tan cerca de los sueños. El circo invita a eso tan sano de que todo, historias y personajes y técnicas y estilos, esté vestido con las lentejuelas de los trapecistas, que vuelan, por encima de nuestras cabezas, a la distancia exacta de la literatura. No llamamos barroco a algo por recargado (el estilo de Angélica Morales puede estar, todo lo más, tan recargado como el de El hombre perdido, de Ramón Gómez de la Serna, una maravilla), sino al rigor de no abandonar el territorio del distanciamiento teatral, circense, fabuloso.
Hay en Piel de lagarta un perfume de sátira clásica que deforma y aísla, que pinta con vivos brochazos, una modernidad que no cede un momento en su fenomenal impulso surrealista: es muy gratificante leer un relato como Ni gota y comprobar cómo se puede sostener por todo lo alto un difícil ritmo de imágenes descoyuntadas, de cabezas parlantes y zapatos desesperados, y envolver al lector en el sentido profundo de aquellos monigotes sin necesidad de darle explicaciones, tan solo con el arte de retratarlos.
La sátira, desde luego, es un género moral que se lleva estupendamente con el surrealismo; de hecho, los grandes satiristas (Petronio, Quevedo, Swift) son los verdaderos padres del surrealismo, y la escritora mantiene su estética sin asomo de decaimiento cuando ataca el purgatorio de los vicios, ese largo relato, Un viaje por tus zapatos, que absorbe el espíritu de todos los demás y al mismo tiempo los ilumina. Un personaje de inocencia kafkiana (un Kafka del revés, finalmente) viaja por un purgatorio de patios grises que es como un catálogo de fracasos, de pecados capitales contra la dignidad, la duda y la desidia, el sueño robado y el remordimiento. Dentro de aquel mundo, siniestro y desmadejado como el hotel de Barton Fink, encontramos un revelador par de zapatos: “Los pies son el vínculo que te une a la tierra (…) A los pies se baja todo lo que has despreciado en la vida. Los sueños se quedan en los pies”.
Es moral, también, su apoteosis de la “insolencia barroca”, el ramonismo amargo (a veces pelín explícito y sermoneante), sobre el tema del ponga un pobre a su mesa que inspira el relato Niño con mosca. La diferencia entre la sátira moral y el surrealismo puro es la que separa, a mi juicio, este cuento de Ni gota, una pieza de primera categoría, un buen primer capítulo de una espléndida novela. En ambos palos, el satírico y moral y el circense y afilado, Angélica Morales se maneja con idéntica destreza, desde el tipo de fábula que haría las delicias de Javier Tomeo (“Ayer encontré en una carta sellada los felpudos reales que pertenecían a mi linaje”), hasta ejercicios de locura que albergan, como un eco de los antepasados, la poesía de Mrs. Caldwell, quién lo diría de alguien que escribe un cuento tan poco equívoco como En memoria de King Kong.
Esa destreza llega también a la sólida construcción de los relatos, cada cual en su tamaño, desde el pequeño poema en prosa de El cielo de mi pensamiento, una de las mejores páginas de todo el libro, a esa media distancia de Ni gota y por supuesto al relato central. La autora es muy escrupulosa con la construcción y por eso dibuja elegantes finales, delicados encajes, a veces brutales, que rematan el poderoso fluir con un giro final que es, también, como esos remates barrocos que disparan los ojos hacia el cielo.
Piel de lagarta es uno de esos títulos afortunados que además sirven de huella, nunca mejor dicho, del estilo de su creadora. Llamo estilo a la voz inevitable, al ingenio en el sentido de que sea el lenguaje quien genere los hallazgos con su fluir irremansable. El título remite a la condición menuda, escurridiza, aparentemente frágil de un bicho que asusta y atrae al mismo tiempo. Esta condición ágil y punzante, cercana y viperina, es lo que hace que por todo el libro discurra siempre la misma inconfundible voz. A veces se mantiene deslumbrante con la piel estática de sus historias, el momento de absoluta detención fascinadora, antes de que la lagarta enganche las verdades con la lengua, como en fogonazos de magnesio, y se las coma. El libro entero es ese permanente mosaico de la piel, el arabesco que admite un solo trazo maestro, el rabo que vuelve a crecer en otra metáfora caleidoscópica, la lengua que se menea y que, mientras la miramos embobados, nos llena los ojos de veneno, para que nos vayamos enterando de que a estas lagartas no se las puede coger con la mano, ni acariciarles el lomo con el dedo.
Al poeta Ovidio le salían los versos sin querer (por cierto, magnífico pastiche troyano, envidia de Baricco, como si Ovidio hubiera podido leer a Poe), y lo mismo les ocurre a todos los que saben escribir como quien lava, naturalmente, con una brillantez que nace de la curiosa felicitas, la abundancia minuciosa, del control absoluto del ritmo narrativo y de esa cosa tan complicada que es colocar las palabras donde mejor luzcan y pronunciarlas como si llevasen juntas toda la vida. Es, como el estilo, algo nítido, evidente, llamativo: eso tan sencillo que, generalizando, podríamos llamar talento.

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Saturday, June 2, 2007

Crítica de Piel de Lagarta por Toni Losantos (Diario de Teruel)

  (Publicado por El hombre invisible):

Recogemos la tribuna de opinión de Toni Losantos en el Diario de Teruel de hoy, 2 de junio:

Sábado, 2 de junio de 2007 7

Metrópolis

“Calzado”

TONI LOSANTOS

Poco tienen que ver los dos libros de los que voy a hablar, poco más que un vínculo tangencial con Teruel. En uno (Relatos legendarios, Castalia) son turolenses algunas de las páginas, pues la encargada de la edición (Matilde Moreno) ha recogido el relato de los Amantes, precedido de una brevísima introducción en la que advierte de que la leyenda «carece absolutamente de veracidad». La versión que nos ofrece no desdeña las batallas de Las Navas y Muret, elige el plazo corto –el de tres años– y sitúa el regreso y muerte de Diego Marsilla –así llama al amante– «al cabo de algunos meses». No aparece la mora Zulima, pero el romanticismo de Hartzenbusch late bajo estas páginas.

Es un romanticismo muy distinto al de Angélica Morales, la escritora turolense que acaba de publicar en Certeza la colección de cuentos titulada Piel de lagarta, dieciséis piezas con abundancia de microrrelatos –como el que da título al conjunto– y una temática que oscila entre las contrariedades sentimentales y el desamor, que es lo que se lleva ahora en la literatura: azares que saltan y queman como las chispas. La terca, épica determinación de Isabel de Segura, tan del gusto romántico, ha evolucionado hacia estos arquetipos de mujeres contemporáneas, anónimas, soñadoras y desengañadas, barridas por el cierzo de la vida. Leyendo estas páginas me he acordado de otras recientes colecciones de relatos de una atmósfera parecida –en Aragón Cristina Grande o la turolense Ángela Labordeta–. A las heroínas tradicionales les aguardaba la frustración; estas de ahora viven con ella: es el aire que respiran y el suelo que pisan.

Gran parte de los cuentos de Angélica Morales tienen como elemento común ese intermediario con el suelo –y, por extensión, con la vida– que son los zapatos: agudos tacones, mocasines que flotan, sensuales sandalias. Isabel de Segura se enfrenta descalza a su desgracia; mientras el calzado de Piel de lagarta es una segunda piel, un artificio, y a sus personajes posrománticos ni les da la felicidad ni los protege.

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