Saturday, November 17, 2007

La vocación

 


Tenía mucha vocación, muchísima. Por encima de todo estaba mi vocación. Ya de niña quería ser monja, pero una monja buena, no de esas con bigote y barba, una monja juvenil como Rocío Dúrcal, atractiva, con dotes de canto y fijación por las causas perdidas. Me apasionaban las películas monjiles: sonrisas y lágrimas, sor citröen. Pensaba en las ventajas de ejercer la profesión, comida gratuita, siestas a media tarde en el refectorio mientras las hermanas rezaban el rosario, sueldo de por vida, habitación individual con vistas al patio, un ropero que no pasa de moda, en fin esas pequeñas cosas que hacen que te redimas de tu vida anterior y te entregues a los deseos del señor. Claro que ahí no especificaban de qué tipo de señor, por lo tanto una podía esperar, obedecer a un señor estupendo, de esos altos, fornidos, atractivos con una cuenta bancaria en Suiza, y muchas ganas de no pegar ni golpe. Y ahí es cuando yo medito, rosario en mano y me doy cuenta de que mi naturaleza sibilina, de Eva mordedora de manzanas me está jugando una mala pasada. Entonces cojo el flagelo de la hermana Angustias y me doy unos azotes en la espalda, suavecitos porque de momento sólo he pecado de pensamiento, la obra me queda lejos, bueno tampoco excesivamente lejos porque precisamente enfrente del convento tenemos unos albañiles muy varoniles que están todo el santo día con el torso al aire y sin dejar de sudar por esas axilas peludas. Si digo esto no es porque los espíe a través de las celosías, no por dios, pero por las mañanas cuando salimos la hermana Calvario y yo a pedir unas limosnas al Corte Inglés nos los encontramos en plena faena y algunos incluso nos silban y nos gritan barbaridades. Yo me pongo hueca, se me infla el pecho y camino con paso firme, orgullosa de mi condición, monjil pero femenina; sin embargo a la hermana Calvario se le corta la respiración y parece que se ahoga. Yo la comprendo, la cosa no es para menos porque sentirse piropeada a los ochenta y siete años tiene sus riesgos. Se me aferra al brazo y aprieta el paso, paso de monja, que es buenísimo, como si estuvieras haciendo un maratón, pasitos cortos y coreografiados. En un santiamén llegamos a la otra punta de la ciudad, con un flato angelical que nos recuerda nuestra condición de sufridoras. En eso la hermana Calvario tiene experiencia, siempre ha padecido de flato, pero enseguida se detiene en un semáforo, alza los ojos al cielo, musita una plegaria y se tira sus ventosidades. Amén, digo yo, arrugando la nariz. Y es que por muy benditos que sean los pedos de la hermana Calvario no hay cristiano que los soporte. No nos demoramos mucho en regresar al convento y clausurarnos, después de vaciar la hucha por el camino y depositar los restos encima de la mesa de la madre superiora, que se hace llamar madre excelsa. Pese a regentar el poder , la madre excelsa, a la que en confianza nos referimos como a la madre que la parió, es una mujer de muy buen ver, es la única que no es miope y aunque metomentodo y cotilla , de vez en cuando se estira y nos deja hacer una misa baturra o rociera. Ahí es cuando yo despliego todo mi talento. Soy consciente de que destacar en una congregación en la que está mal visto destacar, tiene sus desventajas, y la envidia, que es mucha, se mitiga a base de padres nuestros y latigazos al bajo vientre, que es de donde parten todos las males del mundo. En fin, una vida como otra cualquiera, con sus más y sus menos y sus partidos por la mitad. Ahora estamos trabajando en el lanzamiento de nuestro nuevo disco, un CD patrocinado por la santa sede y cuyos beneficios irán destinados a la santa sede, por eso de que todo queda en casa. Estoy entusiasmada con la gira, que promete ser larga y agotadora, por todos los conventos de clausura y algunos que se clausurarán tras nuestro paso. Las canciones las he compuesto yo misma, con ayuda de la hermana Calvario que hace los coros, que son muy bonitos y expresivos y dicen así: Ay dios mío, ay dios mío, ay dios mío… mientras la hermana Angustias la golpea con el cilicio, para darle más realismo. El resto de hermanas se están dedicando a la descomposición musical; sí, he dicho descomposición porque somos de la opinión de que todo se corrompe, así pues la música no iba a ser menos. De la coreografía se encargará la excelsa madre, ha dicho que iba a ser algo sencillo sin grandes acrobacias, pero llevamos tres días de ensayos y ya tenemos cinco bajas. Las bajas resisten poco, motivo por el cual pondremos a las más altas a partirse el alma. Habíamos barajado la posibilidad de que un diseñador internacional nos confeccionara el vestuario, pero después de revisar nuestro estado de cuentas, mejor nos quedamos con nuestros malos hábitos a los que si es menester no dudaremos en acoplar volantes y lentejuelas, muy del gusto papal, que nos ha dado bula y hasta nos perdona de antemano el resto de pecados ordinarios. Si soy sincera creo que he encontrado en la fe un camino coronado de éxitos .Ya lo dijo no sé quien en algún concilio: el que cree, pues eso y el que no, pues también. Ahora tengo que dejarles porque me reclaman las hermanas. Y pensar que yo soy hija única. Esto sí que es tener fe en los milagros. Ya me lo dijo mi padre: “Tu madre me la pega con todo quisque”. Y es que las hijas de Eva somos así, casquivanas pero cristianas, y que una cosas no quita la otra.

Posted by lamorales in 17:50:25 | Permalink | Comments (1) »

Saturday, August 25, 2007

La leyenda de Nancy Ross (y 5)

 

 

 (Cuando vuelve a abrirse el telón, Juan José tiene el torso desnudo, se levanta de la cama y comienza a vestirse. Nancy Ross está canturreando una ranchera)

“Yo no he perdido la esperanza de que un día he de tenerte y ese día llegará…”

Ha sido maravilloso, me siento veinte años más joven. Podría levantarme de la cama y ponerme a bailar una jota, como antes. (Saca un espejo de mano de la mesilla). Tendré que retocarme el maquillaje, se me ha corrido todo. Juan José, eres un amante muy impetuoso. Aunque eso ya lo intuía. Ahora será mejor que me concentre en el programa, tengo que regresar a mi aspecto anterior, tengo que vender la miseria, no estaría bien que engañara a los teleespectadores, ellos están esperando ver a una mujer humillada, perdida, enfangada. Esa clase de mujeres que nunca se recuperan de su mala estrella. Tengo que ser consecuente con mi papel, no debo dejarme llevar por la euforia, de ninguna manera arruinaré mi personaje. Claro que lo he hecho tantas veces, quiero decir, he atentado tantas veces contra mis principios. ¿Pero qué estoy diciendo? Principios, principios…memeces. Yo no tengo principios, sólo finales, ya lo he dicho. Me volveré loca, sí, hoy puedo volverme loca… gritaré como si estuviera poseída por Lucifer, lloraré hasta que se me despeguen las pestañas postizas…recurriré a ese vocabulario soez que es tan del agrado del público, me retorceré entre las sábanas. Espectáculo, ellos quieren espectáculo y yo se lo voy a dar. El mejor espectáculo de su vida, el ridículo más espantoso de la mía. Juan José, hoy vas a ser testigo de un hito, esta noche… esta noche… Bueno esta noche ya veremos. Se me ha ido el santo al cielo. ¿Cuánto falta para conectar en directo?

(Juan José no contesta)

Juan José cariño, ¿me escuchas? Te he llamado cariño. Y en verdad te tengo cariño, mucho más ahora que nos hemos acostado juntos. En el fondo soy una romántica. Podías haberme dicho que eras virgen, hubiera sido menos ardiente. No me arrepiento, estoy orgullosa de haberte poseído, de haberme llevado tu virginidad. Alguien tenía que hacerlo Juan José. Piensa que ha sido un honor que la mismísima Nancy Ross te enseñara los caminos del placer. Ese placer milenario Juan José, el placer más perverso, más sucio, más sublime. Muchos hombres darían su brazo izquierdo por haber estado en tu lugar. Medítalo, Juan José, piénsalo con detenimiento, ahora tienes una relación con Nancy Ross, ahora hay un nosotros. ¿No te parece genial? “Nosotros”, suena bien el plural… Una se cansa de vivir siempre en singular. El yo es peligroso, es mejor el nosotros Juan José. Tú y yo. El cámara y la estrella. Venderemos la exclusiva, escribiremos un libro sobre mis memorias en el que tú podrás exponer fogonazos de las tuyas. Eres tan joven aún Juan José, necesitas una mano que guíe tus pasos. Y yo estoy dispuesta a sacrificarme a quitarme el collarín y a enderezar mis vértebras. No estoy tan enferma Juan José, en realidad estoy más sana que una manzana. Dije en serio que podría levantarme de la cama y bailar una jota. Mis piernas están bien, mis huesos no se cristalizan, hincho mis piernas a propósito, pero en cuanto las pongo en alto se me rebajan. Juan José podemos hacer tantas cosas juntos… uy el piloto está encendido. ¿Por qué está el pilotito rojo encendido? ¿Desde cuando lleva el piloto rojo encendido? Contéstame Juan José. Escríbeme algo en tu pizarra. (Juan José se queda parado). Vaya, no eres tonto, Juan José, lo has hecho a propósito, me has desenmascarado, has utilizado la confianza que he depositado en ti. Qué noche. De veras que es mi gran noche. Toda España me está viendo como lo que soy, una miserable. Pues ¿sabes lo que te digo Juan José? Que me importa una mierda, que estaba harta de tanto paripé. Que prefiero quedarme con mi pensión aunque no llegue a fin de mes. Que os den morcilla a todos, queridos espectadores de mierda, cabezas de chorlito, hijos de la gran puta, cabrones, estoy hasta el coño de vosotros, que os den por el culo, mamones… (empieza a sentirse mal) (de pronto se escuchan aplausos desde el plató que se vislumbra en las televisiones) ¡ahhh que mala me estoy poniendo! Juan José, apaga la cámara, me da vueltas todo…necesito sentarme…creo que es un ataque al corazón, mi pecho, el dolor me está taladrando el pecho, me estoy muriendo… (más aplausos) ¡Qué me muero de verdad, joder! (grita ) (más aplausos) (se tumba en la cama ) Ayúdame Juan José, llama al médico, haz algo …

(Juan José sigue grabando)

¡Que hijo de puta…! (se muere)

VOZ EN OFF: (desde el plató que se ve en las televisiones) Parece ser que Nancy Ross ha sufrido un ataque al corazón. Sí nuestro compañero acaba de confirmarlo. Nancy Ross acaba de morir en directo, para todos nosotros. En exclusiva para “Hoy puede ser tu peor día”. Y lo ha sido, señoras y señores. Nancy Ross ya es una leyenda. Démosle un fuerte aplauso…

(Aplausos)

La próxima semana tendremos con nosotros a Dorothy Sánchez. Una de las chicas que trabajó con Nancy Ross en el club “El palacio del Moro”. Dorothy nos revelará algunos de los secretos mejor guardados de Nancy Ross. Sobre ella hablaremos la semana que viene. Además también tendremos en nuestro estudio al famoso peluquero francés Jacques Maison que nos contará cómo cardar el pelo de los caniches gigantes. Eso y más la próxima semana en vuestro programa favorito “Hoy puede ser tu peor día”. Hasta la semana que viene. (Se desconectan los televisores)

(Juan José apaga la cámara y recoge los cables. Se va oscureciendo la escena dejando iluminada por unos instantes a Nancy Ross muerta en su cama)

(Oscuro y música final)

 

Posted by lamorales in 09:15:37 | Permalink | Comments (2)

Friday, August 24, 2007

La leyenda de Nancy Ross (4)

 

(Juan José escribe en su pizarra)

“Usted es muy lista” (lee Nancy). (Ríe)  Hay que espabilarse Juan José. Nadie te regala nada siendo tonto o teniendo principios. Mi máxima es “los principios no valen más que para conseguir finales”. Mis inicios miserables me han llevado a la gloria de este futuro. Porque yo la vida ya la tengo solucionada Juan José. La mía y la de mis hijos, en el caso de que los tuviera. Afortunadamente también he sido previsora en cuanto a la maternidad. Nada de hijos. Cuando cumplí los veinte años, después de que aquel guardia civil  se llevara mi virginidad y me dejara tirada en una carretera de Barbastro, juré vengarme de todos los hombres. No hay nada como el puterío para que los hombres te respeten. Así que no lo dudé, le di dos vueltas de campana a las trompas de Falopio y me hice artista. En aquellos tiempos ese era el primer paso. Cantar en clubs de poca monta, con las tetas sueltas. Y qué tetas Juan José, yo he tenido las mejores tetas de Aragón y parte de la comunidad valenciana que es dónde finalmente triunfé con las rancheras eróticas. Porque las rancheras en sí, son aburridas de la leche, en cambio cantar las rancheras mostrando mis descomunales tetas tenía su aquel, su éste y su demás allá. (Se aparta la bata y muestra sus tetas): Mira, mira Juan José ¿a que sigo teniendo unas tetas impresionantes?

(Juan José afirma con la cabeza)

Estas son las que me han dado de comer, las que me han subido a lo más alto.  Anda ven a verlas de cerca. Ven Juan José acércate.

(Juan José se acerca tímidamente)

No seas tímido hombre, tócalas, (Juan José no se atreve), ¡que las toques te digo! (coge su mano y la deposita en una teta) ¿a que siguen estando firmes? No me digas que las tengo caídas porque te doy un guantazo. Pero tampoco se puede luchar contra la fuerza de la gravedad, ahora están a la altura del ombligo por el peso. Son muchos años llevando estas tetas Juan José ¿cuántos años me pones? No, no, no te vayas a por la pizarrita, quédate aquí  sobre mis tetas (le pone la cabeza en ellas). Tengo edad para ser tu madre. O para ser tu amante. Desde que soy una estrella televisiva no me como una rosca. Los que se acercan a mí, sólo me piden autógrafos o dinero. Hecho de menos aquellos días de pasión, cuando era la madame más deseada de los puticlubs. Los clientes bebían  champán en mis zapatos y como calzo un 45 se ponían moraos. Mis chicas no paraban de descorchar botellas de champán. Que yo luego cobraba a precio de oro, por supuesto. Y cuando había un acontecimiento especial, alguna celebración de empresa o incluso las fiestas navideñas solía  bailar la jota. Me desnudaba enterita y sobre mis zapatos de tacón me lanzaba  a dar saltos bravíos… “¡hala maña!”, me decían. Llegué a romperme dos veces la misma pierna, la derecha. No me importaba, siempre he llevado muy a gala mi tierra. Quien renuncia a su tierra, renuncia a su salvación. Y yo quiero morirme en paz. Entrar en el cielo con clamor de trompetas, codearme con los santos y las vírgenes, cenar con los apóstoles los domingos y fiestas de guardar y darme largos paseos por el firmamento. Porque ¿morirse no es descansar? ¿No es acaso como irse de vacaciones eternas? Pero aún queda mucho para que me muera. Mis enfermedades no son terminales, tengo cuerda para rato. ¿Te has acostado alguna vez con una mujer que podría ser tu madre? (Juan José hace una negación con la cabeza) Me lo imaginaba, y tampoco habrás ido nunca de putas. (Juan José afirma con la cabeza)

¿Ah si? ¿Has pagado por acostarte con una mujer? Qué pregunta más tonta, la mayoría de los hombres pagan por acostarse con una mujer, el precio es a veces tan alto que acaban casándose con ellas. A mí me gustaban los jovencitos como tú. Inocentes y  suaves como el terciopelo. Los que parecen tontos son los que mejor follan. Sí, no te ruborices, se les va la vergüenza entre las sábanas. ¿Tienes novia Juan José? (niega) mejor, las novias son un estorbo, es preferible tener muchas novias a quedarse sólo con una. Yo tenía un cliente con una novia muy celosa, llegó a amenazarme con un cuchillo, pobre chica, al final nos hicimos amigas. Aceptó que su novio era un mal nacido y se la pegaba con cualquiera y fue feliz sabiendo que era una mujer de confianza la que se lo tiraba todos los jueves por la noche. Te voy a hacer una confesión… me estoy poniendo cachonda. No te rías, lo digo en serio. ¿Tú no? (le palpa la entre pierna), no ya veo que tú no. Eres demasiado profesional, están pensando en la grabación. Relájate, aún queda una hora. Se pueden hacer muchas cosas en una hora (comienza a acariciarlo pero Juan José se levanta y se regresa a su trabajo)

No te gusto, es evidente. ¿Es porque soy vieja? ¿Por qué tengo las tetas caídas? ¿Por qué tengo las piernas hinchadas como chorizos? Ya veo, no contestas para no hacerme daño. Preferiría que fueras sincero. Odio los silencios, los silencios son sentencias de muerte. Con tu silencio me condenas al patíbulo. Vas a conseguir deprimirme, y si me deprimo no doy juego y si no doy juego dejan de contratarme y si dejan de contratarme vuelvo a ser una don nadie. ¿Quieres acabar con mi carrera? ¿Intentas hundirme Juan José?….

(Silencio)

Entonces compláceme. Acuéstate conmigo ahora. O haré que te despidan, te haré la vida imposible y no te volverán a contratar en ninguna televisión, mentiré sobre ti, diré que intentaste violarme, que abusaste de una pobre enferma. Soy capaz de herir mi cuerpo para demostrarlo. Y adivina a quién creerán, a ti un insignificante cámara o a mi una estrella mediática?

(Juan José se acerca a Nancy Ross poco a poco hasta llegar a su cama)

(Oscuro)

Posted by lamorales in 16:51:50 | Permalink | No Comments »

Wednesday, August 22, 2007

La leyenda de Nancy Ross (3)

 

Vaya por Dios. Un retraso. Pues ya me estoy empezando a hartar de  los retrasos. Y la verdad no me hace ninguna gracia porque yo tengo mis gastos, que las enfermedades dilapidan las fortunas y yo tengo que ponerme en manos de los mejores médicos. Ser una estrella cuesta Juan José, y más cuando se es una estrella barriobajera, que son las más difíciles de mantener. Porque las estrellas de la tele basura, o sea aquellas que salimos del barro, venimos ya con vicios de vidas anteriores, y los vicios no se curan, Juan José. Los vicios van en aumento aunque la gota te deje postrada en una cama rococó. No quisiera tener que enfadarme con Encarnita, pero todo tienen un limite. Y las amistades terminan cuando se dejan de pagar los cheques. De eso yo sé un rato. (Hace unas respiraciones). No me quiero alterar antes de salir en antena. Que me conozco y soy capaz de decir una barbaridad. Que como me ponga  a dar cañonazos soy peor que mi paisana. Anda tráeme otra copita Juan José, a ver si se me pasa el disgusto tan grande que llevo.

(Juan José molesto, vuelve a marcharse)

Esa se cree que yo soy tonta,  y de eso nada, puedo poner cara de tonta y de funcionaria de hacienda si hace falta, pero no me chupo el dedo, pues hasta ahí podíamos llegar, a que se me tomara el pelo, después de lo que yo he hecho por los programas sin cultura, después de haberme convertido en ejemplo a no seguir, después de que mi cara figura en todos los clubs de alterne  como la más buscada… después de venderme, después de emputecerme hasta el delirio, después de mentir día tras día, de inventarme una vida que no he tenido, de lloriquear ante millones de espectadores, de desgarrarme la garganta insultando a otras de mi especie…

(Aparece Juan José con otra copa de anís. Se la da)

Gracias Juan José, eres un sol en mi universo, una bocanada de aire de los pirineos… Uy que poco me la has llenado (dice al ver el vaso) ¿es que se ha acabado la botella?

(Juan José niega con la cabeza). Pues yo con esto no me calmo, tráeme la botella haz el favor.

(Juan José duda)

No me voy a emborrachar por tomarme dos copitas de anís. (Empieza a enfadarse y a perder los nervios). Mira Juan José o me traes inmediatamente la botella de anís, o no me grabas. Tú decides. (Juan José sigue sin moverse) ¡Que me traigas la botella joder, te lo tengo que repetir todo cien veces, ya no sé si eres mudo o tonto!

(Juan José aprieta los puños, antes de marcharse escribe en la pizarra)

(La Nancy lee)

“No soy tonto…” bah me importa una mierda que seas tonto o no, al fin y al cabo la que manda aquí soy yo. Tú eres un simple cámara, que tiene que someterse a mis caprichos. ¿No te lo advirtieron en el estudio? Nancy Ross tiene una mala leche de la hostia. Sí, a ver si te vas enterando. No hay quien me aguante. Por eso me cambian tanto a los cámaras porque no me soportan, porque soy una petarda. Petarda y con gota. Ay estas piernas me van a explotar.

(Aparece Juan José. Deja la botella ruidosamente en la mesilla luego continúa con su trabajo)

(Nancy se sirve el vaso hasta el borde)

No debería haberte hablado así, tengo muy mal genio y me estoy volviendo una maleducada. Yo, que me crié en un colegio de monjas. No te enfades Juan José. Tienes que tener paciencia conmigo. Soy ante todo una mujer enferma. ¿Te he dicho que tengo cinco vértebras montadas? ¿Y que por la noche tengo que dormir con collarín? (Juan José ni la mira). Pues sí, y además me está saliendo la muela del juicio. Figúrate, salirme el juicio en plena jubilación. Eso es una señal del más allá, una revelación de los ángeles. Yo soy muy creyente, me lo creo todo, sigo pensando que tengo cuatro angelitos que guardan mi cama, pero deben ser angelitos con sobre peso porque hacen mucho ruido y a veces dormida siento que me aplastan el pecho. Entonces abro un ojo en la oscuridad y pienso “Mira, los angelitos están hoy por dar por culo”. Aún así  los quiero, y vuelvo a dormirme tranquila pensando que me guardan. ¿Crees que los ángeles tienen sexo?

(Juan José se encoge de hombros)

Yo le pongo sexo a todo. Debe ser deformación profesional, pero siempre he sido de la opinión de que los ángeles son tíos, unos tíos con melena y barriga, que se tiran eructos y huelen a sudor, nada de visualizar a esas frágiles criaturas, de cabellera rubia y rizada y  con voces celestiales. Un cuerno, si los ángeles han de velar por nuestra vida deben parecer guardias de seguridad, machos de los pies a la cabeza, tíos que den miedo, que huelan a hombre, si no ya me dirás a mi  cómo van a librarte de las garras de los desaprensivos, o del mismísimo demonio. Angelitos rubios…eso son mariconadas. (Vuelve a servirse)

¿Viste mi actuación de la semana pasada en el programa “Una bomba de mujer”? Estuve divina, está feo que yo lo diga, pero es cierto. Si vieras como me aplaudían, abría la boca y me aplaudían, decía un taco y me aplaudían a rabiar, insultaba a diestro y siniestro y se ponían en pie. No pude decir nada con coherencia, claro que la coherencia en estos días no vende. Yo he sabido entrar en el mercado de la  mierda por la puerta grande. ¿Sabes que hago cuando me insultan a mí? Nada, no hago nada, me quedo blanca como la patena, pongo los ojos estrábicos y comienzo a lloriquear…la pena funciona muy bien en los programas en directo. Lloro e inmediatamente el público irrumpe en aplausos. Tengo mucha facilidad para el llanto. De niña no lloraba nunca, pero ahora lloro hasta porque me oprime la faja. Me he vuelto sensible con los años.

Posted by lamorales in 16:25:11 | Permalink | No Comments »

Saturday, August 18, 2007

La leyenda de Nancy Ross (2)

 

 

(Juan José vuelve a escribir en la pizarra. Nancy Ross busca las gafas en la mesilla)

(leyendo, casi deletreando) “El programa de nacha Fresca”. Mejor, la bata es más apropiada para los programas nocturnos. Recuérdame que para el de Laura me ponga la negra, la de motivos chinescos. Me la trajo una amiga mía de New York, de China-Town. Entonces América era otra cosa, no se habían derrumbado las torres ni había subido al poder un ranchero mochales ¡Cómo cambian los tiempos! Si se la hubiera encargado ahora me hubiera quedado sin bata y sin amiga, porque Dorothy Sánchez tiene aspecto de terrorista cubana, o al menos de lo que ellos consideran terrorista, sea de la nacionalidad que sea, es rechoncha, de tez oscura y siempre anda como si estuviera bailando un chachachá, además se ríe mucho la condenada, eso es un factor más a tener en cuenta porque se ve que la risa y el buen humor es símbolo indiscutible de hostilidad, y entre carcajada y carcajada uno puede cometer un atentado sangriento o inmolarse como si llevara en el interior de sus bragas de encaje una bomba cómica. “A mí que me registren” decía al llegar a la aduana mientras los policías de turno la examinaban concienzudamente. Pero no le tocaron ni un pelo a la Dorothy, cosa que le molestó muchísimo porque es muy dada a que la toqueteen. En eso se parece a mí, la muy guarra. (Mientras Juan José prepara la cámara Nancy tararea su canción)

“Yo no he perdido la esperanza de tenerte entre mis brazos…y algún día te tendré…” Estoy un poco afónica. Ayer me duché sin calefacción y me he enfriado. Con lo bien que yo cantaba las rancheras… “Que conste, amor, que yo, te lo advertí, que yo…” (canta desafinando) Perdona que te moleste, ¿me podrías traer una copita de anís? Es que tengo carraspera. A ver si me entono. Está en el armario de la cocina, el de arriba…

(Juan José sale de escena en busca del anís. Nancy Ross se destapa y comienza a palparse las piernas. Cuando llega el cámara pone cara de angustia)

Gracias Juan José… (Da un trago)… (Juan José hace ademán de volver a su trabajo) No te vayas, espera, tócame la pierna… aquí… (Él obedece) ¿Tengo un bulto? (Juan José asiente) Lo sabía, retención de líquidos. Lo que me faltaba, si no tenía bastante con la cristalización de los huesos, ahora encima se me encharcan las piernas (da otro sorbito al anís). Aunque me veas tan bien, tan maquillada y tan teñida, estoy muy enferma Juan José, estoy mala, pero que muy mala. Pero lo disimulo, aguanto por el bien de la audiencia, de todos aquellos que han hecho de mí un mito, una mártir, una Agustina de Aragón. Lo mío es vocacional, el heroísmo requiere sacrificios y yo me sacrifico por los que me quieren. Está en mi naturaleza la bondad, Juan José, el darme sin medida, el agonizar en silencio, el sufrir hasta la locura. Dios no lo quiera pero si he de volverme loca por la audiencia me volveré. Mira ya he ensayado por si acaso. (Da un trago al anís y se pone en trance) ¡ahhhh! (grita) ¡ahhhh, nooo, nooo, déjame, sal de mi demonio! … (Canturrea) “El vino que tiene Asunción ni es blanco ni es tinto ni tiene color…” (Después sonríe retocándose la melena platino)

¿Qué te ha parecido? He mezclado la niña del exorcista con cánticos populares, para que llegue más a las masas. Y eso que lo he hecho sin fijarme en ningún modelo, porque locas en mi familia no ha habido. Ya ves, soy capaz de hacer cualquier cosa, con tal de que me lo proponga. Mañana mismo hablo con la directora de “Espacios nublados” y le digo que me grabe un especial. Todavía no he explotado mis dotes paranormales. Tengo miedo de aburrir con tantas experiencias reales. A la gente le tienes que dar una de cal y otra de arena. Sé que de momento soy la reina de los realitys shows, pero eso no quita para que pruebe suerte con mis otras facetas. ¿Qué opinas tú Juan José?

(Juan José escribe en la pizarra)

Ahhh, pues también tienes razón. Oye ¿te ha dado Encarnita mi cheque? Ayer llamé al banco y me dijeron que no habían ingresado los tres millones.

(Juan José escribe)

 

 

Posted by lamorales in 18:14:26 | Permalink | No Comments »

Friday, August 17, 2007

Teatro por entregas: “La leyenda de Nancy Ross” (1)

 

LA LEYENDA DE NANCY ROSS

 

Nancy Ross es una estrella televisiva. Para ser más exactos es una estrella de los debates en programas de tercera, asidua a  exponer sus vivencias en público a cambio de un módico precio. Con el tiempo y el aumento de su popularidad, Nancy Ross se ha convertido en personaje imprescindible. Su aspecto despampanante, su afición  desmesurada a los hombres, su desvergüenza, su voz grave, su teatralidad y su melodrama han hecho a esta mujer un fenómeno de las audiencias. Nancy Ross es una ex prostituta, madame de un burdel valenciano venido a menos, espía de la policía, chivata política…Su fascinante vida de miseria la han transformado en una de las mujeres más ricas del país. Sin embargo los estragos de su dura vida le pasan factura ahora que lo tiene todo y una enfermedad de gota, le impide visitar los platós televisivos, por lo que han instalado una unidad móvil en su domicilio de manera que puedan establecer contacto directo con ella, que se encuentra en cama desde hace un par de meses. Al domicilio de Nancy Ross envían a Juan José Ordaz, un cámara mudo que se convierte en confidente y último amante de la estrella.

 

 

 

 

 

LA LEYENDA DE NANCY ROSS

 

(Suena una melodía  suave, el telón se abre poco a poco, la luz es tenue, de un color rojizo como si  fuéramos a presenciar un espectáculo de cabaret. Aparece la habitación de Nancy Ross. En el centro, una cama de proporciones gigantescas, con un edredón fucsia y un cabecero barroco de color dorado, alfombras a ambos lados de piel de cebra  y  todo un panel repleto de televisiones  que repiten su imagen una y otra vez. En uno de los extremos de la habitación se aprecia una cámara de televisión, cables y otros objetos de rodaje, y se intuye la figura de un operador de cámara. Comienza a escucharse de fondo un canturreo que pretende ser una ranchera… “Yo no he perdido la esperanza de tenerte entre mis brazos…”. Poco a poco la voz se hace más presente y aparece por uno de los laterales la protagonista, envuelta en una bata roja transparente, que avanza hacia en centro de la escena renqueando, apoyada en su bastón que lleva colgando la bandera de Aragón)

 

NANCY ROSS: Hoy me encuentro un poco mejor Juan José. Se me ha bajado la hinchazón de la cara, así que puedes cogerme primeros planos. (Se sienta en el borde de la cama y coge de la mesilla una estampa de la virgen del Pilar y la besuquea) ¡Gracias a ti, virgencica, que me cuidas como el primer día, que nunca me has dejado de tu mano, que velas mi sueño de día y de noche! Bueno más de día que de noche, que sabes que por las noches no puedo dormir y me quedo viendo la tele. ¡Qué sería de mí sin la tele! O mejor ¡Qué sería de la tele sin mí! ¿Crees que me he vuelto vanidosa Juan José? No, no me contestes, no llevo puestas las gafas y no podría leer la pizarrita esa que me pones. Se me hace raro hablar con una persona que no puede contestarme. En toda mi trayectoria artística nunca me había topado con un mudo. La gente con la que yo me relacionaba era muy charlatana. Demasiado habladora para mi gusto. Por eso de alguna manera estoy contenta de tenerte aquí, tan calladito, tan profesional…tan…tan…silencioso.

(Aparece Juan José manipulando la cámara. Comienza a enchufar cables y a mirar por el objetivo)

¿Te gusta la bata? Es una de mis favoritas. No me la puedo abrochar, pero no importa, como voy a estar metida en la cama. Me la regaló un admirador; esto, y un reloj de oro macizo. El reloj lo empeñé, claro, pero a la bata le saqué mucho partido. Si me hubieras conocido entonces…te habrías quedado mudo de la impresión…o a lo mejor hubieras recuperado el habla… No me hagas caso, a veces soy muy burra… pero no me avergüenzo. Yo siempre he sido muy sincera en mis comentarios. Por eso me quiere la gente porque soy una más, no me diferencio, no voy de fina ni me las doy de lista. Aunque podría hacerlo que además de puta, Juan José, he sido enfermera y hasta tuve un novio guardia civil. Un poco soso eso, sí. Las fuerzas del orden en general son rancias. ¡Y pensar que estuve a punto de casarme! En fin, afortunadamente no lo hice y me dediqué al puterío que era lo mío, mi verdadera vocación. ¿Tú cómo supiste cuál era tu verdadera vocación?

(Juan José escribe en la pizarra)

Chico no veo nada… No importa, el caso es que la tienes, tienes tanta vocación como yo. No hay más que verte, tan cumplidor, tan profesional…tan simpático. El mes pasado me mandaron a un chico antipatiquísimo. Estaba más callado que tú. Y no por obligación como es tu caso, no, él estaba callado de pura antipatía, se notaba a la legua que yo le caía fatal. Pero era mutuo, Juan José, que yo no despegué los labios, dije lo justo, me leí el guión y lo recité al pie de la letra. Me inventé algunas cosas naturalmente para darle un toque más personal, pero ahí se acabó todo, se fue como vino sin decir ni mú. ¡Qué barbaridad!

(Juan José le indica que se meta en la cama)

¿Qué me meta? ¿Ya? Estoy bien aquí dentro, fuera hace demasiado frío, y como tengo que ir medio desnuda por eso de los índices de audiencia, termino congelada Juan José,  más helada que los pies de san pedro. (Se ríe) imagínate cómo deben estar los pies de san pedro…Por cierto ¿qué vamos a grabar primero, lo de Laura Montes o el programa de Nacha Fresca? A mí lo mismo me da uno que otro.

(Juan José vuelve a escribir en la pizarra. Nancy Ross busca las gafas en la mesilla

Posted by lamorales in 19:11:14 | Permalink | No Comments »